Año  1  -   36  Director   Ángel  Rene

ADIVINACIÓN

Adivinación es la predicción de cosas futuras u ocultas sin recurso a Dios. Se pretende desvelar lo que sólo Dios puede conocer. h3. Dios nos ha revelado algunas cosas sobre el futuro: Ej.: Habrá un juicio y después el cielo o el infierno, etc. Dios también nos da medios naturales, como la inteligencia, el estudio, la ciencia y recursos para que nos preparemos responsablemente para el futuro. Pero al mismo tiempo sabemos que no podemos controlar el porvenir pues está en manos de Dios. Debemos confiar en El como Padre infinitamente bueno. Sin embargo, el hombre, llevado por la soberbia, quiere tenerlo todo bajo su control sin tener que poner su confianza en Dios. Es por eso que busca conocimiento ilícito por caminos que están fuera de la revelación divina y fuera de los medios naturales que son lícitos. Explícita o implícitamente la adivinación recurre al demonio y quien la practica queda, en algún grado, vinculado con el maligno. Hay también quienes hacen directamente un pacto con él.¿Quiénes utilizan la adivinación? No solamente en la santería, la brujería, el espiritismo, y otros grupos. Muchos recurren a la adivinación en momento de crisis para buscar una solución a un grave problema. Debemos recordar que en la adivinación está en juego nuestra fidelidad a Dios, con lo que no se debe jugar. El enemigo está como león rugiente buscando a quién devorar .Se debe distinguir entre adivinación y profecía. En la profecía los hombres no toman la iniciativa, sino que es Dios quien les llama y les da un mensaje que deben comunicar. El Catecismo de la Iglesia Católica # 2115: "Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. Sin embargo, la imprevisión puede constituir una falta de responsabilidad". Los adivinos eran muy importantes en tiempos del Antiguo Testamento: En Egipto (los magos del faraón); en Grecia (los sacerdotes de Apolo); en Roma, dependían de los auspicios. Por ejemplo: un relámpago que cayere de izquierda a derecha (favorable); de derecha a izquierda (desfavorable); los auspicios obtenidos de los pollos sagrados, etc.
El Pueblo de Israel, en muchas ocasiones, se tomó a la práctica de la adivinación y a la consulta de brujos, yendo así en contra de los mandatos de Dios. (Ez 13,18-19; 2 Cron 33,6; Jer 27,9...). El rey Saúl fue a consultar a la pitonisa (hechicera, adivinadora) de Endor queriendo saber que hacer en cuanto a la guerra (1 Samuel 28, 7). En 1 Samuel 15, 23, la adivinación es un espíritu de rebelión. En el Nuevo Testamento vemos que los apóstoles confrontan a los adivinos. San Pablo mandó que un espíritu maligno abandonase a un joven esclavo que hacía la fortuna de sus dueños. Por ello, Pablo y Bernabé fueron apresados, encarcelados y azotados. En la ciudad de Filipo, San Pablo encontró obstáculos por razón de una joven esclava poseída por un espíritu de Pitón al que ordenó salir: Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió. (Hechos 16,18)
La adivinación lleva al espíritu maligno, el enemigo de Dios. Algunos llegan hasta vender su alma con tal de recibir del demonio lo que buscan Prohibición de la Iglesia
La adivinación es un pecado grave contra el Primer Mandamiento.
Las Constituciones apostólicas prohíben expresamente la adivinación. Los Concilios de Vannes (461), de Agde (506) y de Orleáns (511) excomulgaron a los adivinos. Además eran declarados infames, incapacitados para ser testigos en la justicia y privados de toda dignidad eclesiástica Catecismo de la Iglesia Católica #2116: "Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.